"Las Brujas" Llara Menéndez


LAS BRUJAS

Este libro cuenta la historia de un niño que por navidades fue con sus padres a Noruega para ver a su abuela. De camino tuvieron un accidente y sus padres murieron así que se quedó a vivir con su abuela. Ella siempre le hablaba de brujas y de cómo reconocerlas ya que sabía mucho de ellas.
Después de un tiempo el niño y su abuela se mudaron a Inglaterra, donde él había vivido con sus padres ya que en sus testamentos ponía que querían que su hijo estudiase en Inglaterra.
Antes de ir a Noruega, el niño estaba construyendo una casita con su mejor amigo Timmy. Un día, el niño se puso a hacer el tejado, pero esta vez sin Timmy.  De repente, se acercó una mujer que cumplía con la mayoría de las características que le había contado su abuela sobre las brujas. La señora le ofrecía una serpiente verde si bajaba del tejado, pero él no se fio y no bajó. Cuando la señora se fue, bajó y se lo explicó todo a su abuela.
En las vacaciones de Semana Santa se iban a ir a Noruega, pero a su abuela le dio una pulmonía y no pudieron ir. Al final, se fueron al sur de Inglaterra y llevaron unos ratones que la abuela había regalado a su nieto. En el hotel los riñeron porque el niño los había sacado de la jaula para enseñarles trucos. El niño se metió en una sala que estaba prohibido entrar porque la RSPCN (Real Sociedad para la Prevención de la Crueldad con los Niños) tenía una reunión.  Él entró y se puso a entrenar a sus ratones tras un biombo que había en la sala.
Después de un rato se dio cuenta de que todas las señoras de la RSPCN eran brujas y de que la que estaba hablando en la tarima era La Gran Bruja. Ésta les decía a las demás que se quitaran las pelucas, los zapatos y los guantes. Las brujas hablaban sobre los niños y como querían matarlos. A la Gran Bruja se le ocurrió la “Fórmula 86 Ratonizador de Acción Retardada.” Les dijo a todas las brujas que dejaran su trabajo y compraran una confitería y les dio una receta del Ratonizador de Acción Retardada para que echaran una gotita a cada bombón o golosina. Así, a las 9 de la mañana del día siguiente los niños se convertirían en ratones ya que en la receta había que echar un trozo de despertador. La Gran Bruja lo programó por la mañana para que sonara a las tres y media de la tarde. Le había dado una chocolatina a Bruno, un niño que se alojaba en el hotel, y le había dicho que se reuniera con ella en la sala a las tres y veinticinco y le daría 6 chocolatinas más. Allí delante de todas las brujas Bruno se transformó en ratón.
La Gran Bruja les dijo a las brujas ancianas que como había ingredientes en la receta del Ratonizador de Acción Retardada que ellas no podían conseguir, quedaran con ella en su habitación (la 454). Después de tomar el té con el director del hotel les daría dos frasquitos de Ratonizador de Acción Retardada de quinientas dosis cada uno. Cuando se iban a ir, una bruja alta se dio cuenta de que había un niño allí. Era el niño protagonista de esta historia. Le dieron quinientas dosis de Ratonizador de Acción Retardada, pero reaccionó en un instante y lo transformó en un ratón. El niño convertido en ratón encontró a Bruno comiendo un sándwich y fueron sigilosamente a ver a su abuela para explicárselo todo. Fueron a la habitación del niño y su abuela le bajó en un calcetín desde el balcón a la habitación de La Gran Bruja, ya que estaba justo debajo. Cogió un frasquito de Ratonizador de Acción Retardada para llevar a cabo su plan, que era verter el Ratonizador de Acción Retardada en la comida de las brujas para que se convirtieran en ratones.
Después llevaron a Bruno a la habitación de sus padres. Su madre se asustó mucho y echaron a la abuela de la habitación. El niño y su abuela se fueron a cenar. El niño se fue a la cocina y se subió a una estantería para verter el Ratonizador de Acción Retardada en la olla del puré. Un camarero se la llevó a las brujas o como dicen ellos RSPCN (Real Sociedad para la Prevención de la Crueldad con los Niños). Al niño ratonizado le cortaron la punta de la cola y se metió dentro de los pantalones de un cocinero. Cuando llegó con su abuela ésta le vendó el rabo con un pañuelo.
Al comer el puré, las brujas se convirtieron en ratones. El niño y su abuela se fueron a casa y la abuela le explicó que se había hecho pasar por el jefe de policía de Noruega para que el jefe de policía de Inglaterra le dijera la dirección de La Gran Bruja. También le explicó que cuando La Gran Bruja se jubilaba, o le pasaba algo, otra bruja la sustituía, así que comenzaron a idear planes para acabar con todas las brujas del mundo.

Este libro me ha gustado mucho porque es muy entretenido y divertido. Lo recomiendo para lectores a los que les gusten los libros de fantasía.

 

Comentarios

Entradas populares de este blog

El caso del grito en la sala de profesores, de Joachim Friedrich (María Mieres 2ºB)